El pasado miércoles, la administración Trump desveló un ambicioso plan de 5.000 millones de dólares para impulsar la ciencia a través de la inteligencia artificial. Esta iniciativa, denominada "IA para la Ciencia", tiene como fin abordar desafíos científicos persistentes en múltiples campos, desde la identificación de las causas de enfermedades crónicas hasta la aceleración del descubrimiento de fármacos y el desarrollo de materiales de construcción más duraderos.
El anuncio marca un esfuerzo significativo para integrar capacidades de IA avanzadas, superordenadores del Departamento de Energía y conjuntos de datos especializados en la investigación federal. Michael Kratsios, asesor jefe de tecnología del presidente Donald Trump, destacó en una entrevista con Reuters que quince agencias federales, incluyendo los Departamentos de Salud y Servicios Humanos, Energía, Transporte, Defensa e Interior, participarán activamente en este proyecto.
Además de la inversión, la administración planea una reestructuración de cómo el gobierno de EE. UU. financia la investigación federal. Se priorizará el apoyo a científicos individuales y el uso de la IA, en detrimento de las universidades, lo que otorgaría a la administración un mayor control sobre la asignación de fondos. Este enfoque busca una mayor "rendición de cuentas política" en el apoyo federal a la ciencia.
La "Misión Génesis", como también se conoce a esta iniciativa, pretende duplicar la productividad científica de Estados Unidos, uniendo las capacidades científicas de clase mundial del Departamento de Energía con la IA avanzada y la computación de alto rendimiento. Los 278 proyectos iniciales seleccionados, de una respuesta histórica a la solicitud de propuestas, abarcan desde la energía nuclear hasta el diseño de chips inteligentes y la extracción de minerales críticos, con una inversión destacada de 60 millones de dólares en energía nuclear para hacer las instalaciones más rápidas, seguras y rentables.
Esta movida subraya la creciente creencia de que la IA es fundamental para el progreso científico y la seguridad nacional. Sin embargo, la reorientación de la financiación hacia científicos individuales en lugar de instituciones universitarias podría generar debate sobre la autonomía de la investigación y su impacto a largo plazo en el ecosistema académico y de innovación del país.